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3 nov 2008

¡Olé, olé, olé, la reina de España!

Son días de celebraciones y no solo por los 70 años de Su Majestad, sino porque por primera vez, hemos visto a la reina de España cercana, sensible y con opiniones valientes sobre algunos temas que desgraciadamente dividen a España.

Creo que el libro “La Reina muy de Cerca” de la periodista Pilar Urbano, es una de esas obras que se realizan con naturalidad, sin muchas pretensiones y cuando salen a la luz se convierten en grandes obras y no tanto por su perfección literaria, sino por la repercusión mediática .

No me extraña que las opiniones de la reina de España reflejadas en ese libro hayan causado tanto revuelo y que ocupen las primeras portadas de los medios de comunicación de todo el país.

Cuando he visto desarrollarse la polémica recordé a mi compañera de trabajo en Cuba por varios años, Caridad Hernández, a quien debo las primeras informaciones sobre la monarquía en España y de su reina actual.

Cari, como le llamábamos cariñosamente, había estudiado historia del arte, y no perdía ocasión de comentar, entre otras cosas, el desarrollo de la familia de los Borbones, y que para mí, en aquellos tiempos, resultaban cuentos como los de las mil y una noches.

No podía imaginar por aquel entonces…que unos años después residiría en España y me llegaran tan de cerca todo tipo de informaciones de los reyes de España y su familia.

Quizás por esa curiosidad que despertó en mí las charlas sobre el tema con mi amiga Cari, he seguido cada información y actos públicos donde esta presente la Casa Real y sobre todo los Reyes.

Como residente en España desde hace varios años tengo hoy mis propias consideraciones sobre la monarquía y la Casa Real española, pero hoy sólo me voy a referir a la reina Sofía, que emerge como protagonista en el debate que se ha abierto a propósito de sus declaraciones en el libro de la periodista Pilar Urbano.

Quizás por poco conocimiento de la realeza, tengo que decir que la Reina Sofía nunca me pareció esa mujer culta y sofisticada que muchos elogian. El único atractivo que le he visto es su vestuario y las joyas que luce.

Sí he comentado alguna vez que por cuna y experiencia sabe cumplir el protocolo a la perfección, pero detrás de ese protocolo la he visto distante y ajena a lo que ocurría a su alrededor, con alguna que otra excepción.

Según los comentarios que hasta ahora he visto y escuchado, entre las opiniones de la reina vertidas en el libro y que han provocado tal revuelo, esta la violencia de género y los matrimonios homosexuales, cuestiones que yo he comentado en este blog y que coincido con ella. En otros temas opino diferente y otros a medias.

Aún no he tenido la oportunidad de leer el libro, pero por los resúmenes que me han llegado, y las consideraciones de la autora, me doy cuenta que esta reina no es como yo la veía, es totalmente diferente. Ahora la veo con criterios propios muy bien definidos sobre la realidad social y su entorno. Sus análisis de acontecimientos y personalidades la convierten en algo real, como lo haría cualquier individuo, algo que yo no podía siquiera imaginar en ella.

Son días de celebraciones y no sólo por los 70 años de Su Majestad, sino porque por primera vez hemos visto a la reina de España cercana, sensible y con opiniones valientes sobre algunos temas que desgraciadamente dividen a España.

¡Olé, olé, olé, la reina de España!

21 oct 2008

La subordinación de la mujer ante el hombre es un cáncer de la sociedad

En el transcurso del desarrollo de la sociedad se ha ido reconociendo los derechos de la mujer, pero también ese reconocimiento ha agudizado los conflictos entre las parejas de hombres y mujeres.

Siempre he tenido muy claro los conceptos y la labor de los movimientos feministas…aunque no dejo de reconocer, que en ocasiones estos discursos adquieren matices susceptibles a la confusión que provocan comparaciones inequívocas entre el hombre y la mujer.

Tengo el privilegio de pertenecer a la generación laboral de los años 60 y 70 del siglo pasado en Cuba donde hombres y mujeres compartíamos actividades sociales a la par sin prejuicios ni cuestionamientos de sexo.

No es mi intensión ni estoy cualificada para filosofar sobre estos temas, pero como partidaria de estos tiempos considero que si bien es cierto que en el transcurso del desarrollo de la sociedad se ha ido reconociendo los derechos de la mujer, no se puede negar que ese mismo reconocimiento ha agudizado los conflictos entre las parejas de hombres y mujeres, lo que ha provocado un nuevo fenómeno calificado por muchos como “violencia de género”.

La subordinación de la mujer ante el hombre es un cáncer de la sociedad. Es una enfermedad que está ahí…que si se descubre a tiempo puede curarse, pero si no puede ser mortal. Hay todo un esfuerzo de políticos, especialistas y medios enfrascados en eliminar el mal…pero ese mal persiste independientemente a nuestra voluntad.

Es importante recordar que en el desarrollo de la naturaleza lo único que tiene tiempo limitado de existencia es el nacimiento y la muerte de los seres vivos, pero los procesos de desarrollo social son infinitos por lo menos hasta donde llega el conocimiento.

Por ello, todo el esfuerzo que se realice a los distintos niveles de la sociedad para curar este cáncer social es poco. Hay que educar desde los cimientos, que es la familia.

Es imprescindible continuar luchando en tribunas y tribunales para que los derechos de las mujeres a participar en igualdad de condiciones que los hombres en la sociedad se reconozcan en todos los países del mundo y no en unos pocos.

Pero es importante también que se respete la masculinidad de los hombres y la feminidad de las mujeres, que en nada tiene que ver con la lucha feminista por sus derechos.

Las féminas no renunciaremos jamás a la caballerosidad de los hombres. Ese gesto varonil que nos ayuda en las cargas pesadas, nos abra la puerta del coche, nos ayude a bajar del autobús y sobre todo que nos ofrezca una flor y bese nuestra mano con gentileza.

Estoy segura que los caballeros tampoco están dispuestos a renunciar a la dulce mirada de una mujer, verlas vestir con elegancia, maquillada con buen gusto y el andar cadencioso con tacones altos.

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