“Las causas de los comportamientos racistas son múltiples, pero básicamente la historia, la religión y el desarrollo de las sociedades son el germen de este fenómeno”
Han pasado algunos años desde aquel día que mi única hija llegó a casa con sus manos entrelazadas con las de un joven tan prieto como el carbón y me dijo feliz y sonriente…- Mami… te presento a Alexander, mi novio-. Cuando recobre el conocimiento estaba ingresada en un hospital y montones de sueros y aparatos de asma puestos…para calmar el shock emocional y el estrés que me produjo aquella presentación.
Cuando tome conciencia de mi reacción racista sentí vergüenza y aún hoy la sigo teniendo. Por otra parte, mi hija, conmocionada por mi reacción inesperada, exigía explicaciones que nunca pude darle… y sólo le pedía perdón a ella y a su novio. Aquello fue una reacción de mi organismo que inexplicablemente brotó desde lo más profundo de mí ser sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo.
Una y otra vez me preguntaba y aún hoy me pregunto, por qué precisamente ese brote de racismo en mí, si toda mi familia paterna es de raza negra. Mi padre es mulato, el padre de mi hija es mulato, ella es mulata, mis mejores y más queridas amigas son negras y mulatas y yo también soy mulata.
Una y otra vez me pregunte y aún hoy me pregunto… ¿ Por qué soy racista?. ¿Y dónde diablos estaba en ese momento mi militancia comunista, mi formación ideológica de tantos años en la creencia de que todos somos iguales sin distinción de razas, mis años de trabajo y convivencia social con negros, blancos y mulatos sin reparar en ningún momento en el color de su piel ni procedencia social? Todo eso se fue al traste en un instante cuando la vida me puso por delante la prueba definitiva. Muy dentro de mí había racismo, independientemente a mi conciencia y voluntad.
Desde entonces no hago más que buscar explicaciones a mi reacción y para ello me remonto a mi niñez cuando en mi pueblo, Cayo Mambí, los barrios estaban muy bien delimitados por clases sociales. En el barrio de “los blanquitos” con sus majestuosas y vistosas casas de mampostería donde vivían el dueño del central azucarero y los altos ejecutivos del mismo.
Al lado de este estaba el caserío de los funcionarios y comerciantes del central, que se caracterizaba por las majestuosas casas de maderas separadas una de otras por preciosos jardines.
Mas abajo, cruzando la línea del tren, estaba el Batey, con sus sensillas casas jimaguas de maderas pintadas de verde y amarillo, que los dueños del central arrendaban a los trabajadores. En este barrio convivían obreros blancos, negros y mulatos. Allí nací y crecí hasta mi adolescencia.
A un costado del Batey estaban los “Barracones” donde vivían mayoritariamente negros dedicados al cultivo y corte de la caña de azúcar. Caracterizaba este barrio la hilera de cuartuchos de madera totalmente insalubres.
Recuerdo que lo único que dividía El Batey y los Barracones, era "El Sindicato”, un casón inmenso lleno de balances de madera tallada donde nos balanceábamos sin parar mientras los mayores jugaban a las cartas o charlaban.
Pero repasando más aquellos tiempos de mi vida y donde según lo psicólogos y sociólogos está el origen de muchos de nuestros males… ahí tampoco he encontrado una razón para mi reacción racista, porque yo era parte de los barrios pobres donde blancos, negros y mulatos convivimos y compartíamos casi todo. Entonces… dónde está la causa del origen de mi reacción racista?
Ante esta experiencia personal… no me extraña escuchar a líderes políticos, personalidades de la cultura, la ciencia e incluso a los ciudadanos de a pie, sus recelos y temores de que muy a pesar de las ventajas del candidato demócrata Barack Obama para ocupar la presidencia de la Casa Blanca, llegue a buen fin, por el intrínseco racismo que ha existido siempre en los Estados Unidos de América.
Según algunos analistas el racismo en los Estados Unidos es uno de los más difundidos a través de la historia, pero este fenómeno social afecta a la humanidad en su conjunto desde tiempos antiguos.
"Las causas de los comportamientos racistas son múltiples, pero básicamente la historia, la religión y el desarrollo de las sociedades son el germen de este fenómeno". Quizás ahí precisamente este la respuesta a mi pregunta… ¿Por qué soy racista?
26 oct 2008
¿Por qué soy racista...?
4 oct 2008
Víctor escribe desde Guantánamo
Alguien ha dicho en un comentario del blog, que a través de estas páginas promuevo el turismo a mi tierra y en especial a mi pueblo, Cayo Mambí. Ojalá tenga éxito y que muchos turistas nos visiten porque de esa manera conocerán un lugar entrañable y acogedor...y no precisamente por lujos ni grandes edificaciones o monumentos, sino por la hospitalidad de su gente. Víctor es de allí y me escribió desde Guantánamo.
Hola, Josefa:
Yo también soy de Cayo Mambí, y para coincidencia mayor, periodista como usted.
Mi nombre es víctor Hugo Purón Fonseca, tengo 54 años y trabajo en el periódico Venceremos, de Guantánamo.
Parte de mi familia vive todavía en el cayo. Mi madre, hermanos y sobrinos. La más numerosa es de los primos de apellido Purón, nacidos, en su mayoría en las colonias cañeras de los alrededores -me refiero a los de edad igual o mayor que la mía-, porque los más jóvenes residen sobre todo en el pueblo.
Yo nací y me crié un tiempo en el barrio del muelle, otro en el moruro, después en el batey, y mi familia tiene su casa actualmente en la calera.
Resido hace muchos años en Guantánamo, unos 30, aunque intermitentemente he estado en otras partes de cuba, por meses y hasta años.
Me sentí muy alegre al ver tu blog. Ojalá se me hubiera ocurrido a mí. Por el momento pienso seguir tu ejemplo, pues el lugar de nacimiento, o la pequeña patria donde primero uno tuvo conciencia del espacio mayor que la casa, es el pueblo, el barrio donde nació. Nostalgia que se acrecienta con la distancia y el tiempo.
Puedo añadir a lo que han dicho otros amigos tuyos, que actualmente en Cayo Mambí, exactamente en las cercanías de playa mejía, se desarrolla un importante programa de cultivo artificial de camarón, en estanques de agua salada, para la exportación de ese producto.
Espero poder seguir comunicándome con usted a través de mi correo.
Atentamente, Víctor
19 jun 2008
Que escriban en mi blog, me encanta
MARIA NELA ha dejado un nuevo comentario en su entrada "Mi querido " Cayo Mambí ".
Hola a todos los Cayomambiseros. A los que estamos lejos y los que aún residen allí en ese pequeño pero tan hermoso y acogedor pueblo que nos vio nacer y crecer .Un pueblo de personas humildes, serviciales, alegres, luchadores, y sobre todo trabajadoras,
Desde 1966 hasta el año 2004 nuestra principal fuente de ingreso fue la Industria Azucarera. Al desaparecer el Centra en el año 2004, El Gobierno Revolucionario instauró un Programa llamado “Grupo Electrógeno” para el ahorro de electricidad y a su vez abastecer al Municipio y sus Alrededores.
Además de ello, hoy día se sigue desarrollando la agricultura, pesca, ganadería y la artesanía, entre otras actividades económicas.
Yo soy una enamorada de "el Cayo”, como todos les llamamos y aunque actualmente vivo en Barcelona (España) desde hace 9 Años, no dejo de visitar mi pueblo cada año. Para mi es como volver a nacer y recordar toda mi infancia y parte de mi juventud.
En mí están presentes en todo momento su gente, mis vecinos, las hermosas playas de Mejía y Corintia, el rio Miraflores y el rio Grande y su antiguo Central.
Yo siempre viví detrás del Central en el barrio conocido como “La Bomba” donde actualmente viven mis padres, hermanos, otros familiares y amistades.
Recuerdo con cariño y extraño mucho los paseos de noche en fines de semana por la Plaza y el Paseo…en fin, todo "el Cayo".
En verano siempre visitamos mi pueblo y desde que llegamos hasta que nos vamos permanecemos siempre allí.
Son increíbles por su hermosura y autenticidad todos los rincones y sitios que podemos descubrir allí. Sobre todo en los alrededores "del Cayo". Sus montañas, sus campos y repito, sus gentes.
Recomiendo a todas las personas que lean este comentario y no hayan visitado a Cayo Mambí o como se le conoce ahora Fran País, que lo visiten y no se arrepentirán de Pasear por “El Cayo” y sus alrededores.
Recomiendo además que visiten Cayo Ratón y Cayo Largo, que son pequeños cayos que solo puedes acceder a ellos en barco, bote o cayucas, como le llamamos nosotros.
Aprovecho esta ocasión para enviarles un saludo a todos los cayomambiseros.
24 feb 2008
Para mí, simplemente papá
Trabajador, negociante, conquistador, creyente, fiestero… así era él; Ernesto para sus amigos, Netico para la familia y para mí, simplemente papá.Se lo dije muchas veces – papá…deja de ir tanto a Oriente, que ya no tienes edad para esos trajines…_Ni caso, continuó viajando en cualquier medio de transporte que se le presentara para vencer los cientos de kilómetros que separaban La Habana de Cayo Mambí, su pueblo.
En ese andar de “ melolico” en los tiempos difíciles de los años 90, cuando Cuba atravesaba por una de las mayores crisis económicas de su historia, él se subió a la cama de un viejo camión durante más de 10 horas. El aire, la lluvia y todo lo que le cayó encima le provocaron una neumonía de la que no pudo salir y se fue, dejándonos a todos huérfanos de él, de sus cuentos, sus oraciones y de su dinerito que bien le venía a mi madre.
Este oficio de “ melolico”, el típico buscavidas cubano de los años 90, lo practicó después de su jubilación, porque según él, los 100 pesos de la pensión no le alcanzaban para vivir.
En sus años mozos papá era delgado y de estatura mediana, pero fuerte como el roble. Era ese típico hombre de pueblo que luchaba a diario por mantener dos familias. La mía, de señor casado con hijos, y la otra con su “querida”.
Aún así, nos bautizó a todos en la iglesia católica del pueblo y nos alentó durante toda su vida a tener fe y creer en el cristianismo
Conocidos y familiares le admiraban por su generosidad, por ser el obrero de los hornos del Central, que cada día y durante casi 50 años hizo funcionar las calderas que cocinaban la caña de azúcar en su primer proceso industrial.
Pero papá también destacaba por negocios con el Juego. Tenía su propio local que consistía en una habitación de madera y techo de zinc, ubicada en el ala izquierda de nuestra casa. Allí acudían personajes de lo más variopinto y entre ellos Nicasio, su mejor amigo, un guardia del cuartel de los “casquitos”, nombre con el que se identificaban los militares de Batista.
Según señalan algunos historiadores en la segunda mitad de la década del 50, Cuba era un templo de juego y una crónica periodística de la época así lo refleja:
“Ahora se juega donde quiera, como quiera, y más que nunca en toda la historia de la nación. Se apunta al verso, la centena y el terminal en la vidriera de la esquina. Se compran cartones de bingo en los cabarets. Se juega al interés a la canasta en las residencias particulares. Se pierden las monedas en los traganíqueles de los cafés y billares. Se esfuman miles de dólares en el tapete verde de la ruleta controlada por la mafia internacional del juego. Se rifan automóviles en las calles. Y lo mismo se sortea una casa en una pastilla de jabón que un automóvil del 58 en la etiqueta de un pote de dulce”.
El mismo artículo reitera y señala. “Se juega en todas partes. A toda hora del día y de la noche y con cualquier pretexto. Jamás en la historia se vio un pueblo más pendiente del azar que el pueblo cubano ahora. Asimismo, jamás en la historia se vio un auspiciamiento estatal al juego como lo que se ve en Cuba ahora”
Con la situación que vivía el país en aquellos momentos, no es de extrañar que en un pueblo como Cayo Mambí, dependiente sólo de la Zafra Azucarera, que ocupaba a los trabajadores apenas cuatro meses del año, proliferara el juego… como única vía de sobrellevar los 8 meses de “Tiempo Muerto”. Pero también debo decir, que mi padre, además de su trabajo y la lotería, tenía un trocito de tierra en las afueras del pueblo en el que cultivaba yuca, plátano burro y maní.
Con el triunfo de la Revolución, se prohibieron todos los juegos, pero para papá continuó en lo suyo y de forma clandestina se dedicó entonces a la bolita, juego de azar, que según los entendidos de la época estaba considerado como uno de los negocios más serios de esos tiempos.
De escuchar a mi padre aprendí que en la bolita hay mil números. Pero se puede jugar a un “fijo” o a un “corrido”. A una “centena” o a un terminal, o a varios de ellos al mismo tiempo.
Esa parte de la familia que le justifica, afirman que sus viajes a Oriente tenían el sólo objetivo de visitar a “mamita”, mi abuela, quien murió recientemente con más de 100 años. Pero tengo la convicción, que además de ver su familia, viajaba para atender sus incondicionales y eternos clientes de la “bolita”
En varias ocasiones le escuche decir, que cuando conoció a mi madre, vestía de forma impecable con pantalones y guayaberas blancas como el jazmín, zapatos de dos tonos y sombrero de paja, argumentos irrebatibles para su conquista.
Contaba interminables historias de su época de concejal. De cuando viajó a La Habana para encontrarse con el mismísimo presidente del país, Fulgencio Batista.
En particular, a mí me encantaban sus anécdotas de adolescente. Decía que con 14 años bajaba de las lomas de Topí al poblado de las minas de Moa a vender estatuillas religiosas de barro. En una ocasión, después de andar horas y horas sin vender nada, al llegar a la cima de una cuesta de grabillas resbaló, rodó loma abajo y las estatuillas se hicieron añiscos. Tuvo que trabajar seis meses para pagar aquella mercancía.
Una de sus distracciones favoritas era el pasar una noche entera buscando cangrejos y regresar a casa con el saco de yute hasta el tope para que mi madre preparara ese delicioso enchilao que con tanto gusto acompañaba con yuca y su botellita de ron. Recordaré siempre su cara de satisfacción al comer…y sobre todo cuando tenía invitados y pronunciaba su típica frase…_ Venga compadre… arrímese y coma que donde hay para uno hay para tres_.
Además de sus entrañables recuerdos, mi hermano Papi, el primogénito, heredó la responsabilidad de llevar a mamá el café de cada día antes de levantarse, tarea que él hizo durante más de 50 años que pasaron juntos. Aún hoy, mi hermano continúa con ese legado.
Papá disfrutaba del comer, del ron, del puro y los bisnes a la par que su trabajo. Quizás por ese espíritu trasgresor que le caracterizaba, no reprocho el hecho de que yo abandonara el país, sino todo lo contrario, sentí su apoyo en una decisión tan arriesgada.
Trabajador, negociante, conquistador, creyente, fiestero… así era él, Ernesto para sus amigos, Netico para la familia, y para mí simplemente papá.
P/D : !Ah!…había olvidado decir que me parezco a él.
Relato escrito por Josefa Buzzi el 24 de febrero 2008
