16 feb. 2008

"Eva". Entrevista en la prisión madrileña de Carabanchel

"Creo que no debían existir los pobres; siento orgullo de tener sangre gitana y considero que no es la juventud lo que embriaga la razón, sino el amor".

Estas son las primeras palabras que, sin preguntas, afloran a los gruesos labios de Eva, una chica madrileña, que sin cumplir los veinte años, dice haber vivido una eternidad.

Eva accedió a mi entrevista recelosa.

_Qué quieres que te diga…_ .Insistía. Finalmente la convencí.

Con cara de niña y cuerpo de mujer, Eva recuerda el cariño infinito que su padre le profesaba.

_Aún guardo la muñeca de trapo que me regaló unos días antes de morir por causa de una sobredosis de heroína, cuando apenas yo había cumplido los doce años_

Me comenta que sus padres vivían separados por las constantes discusiones que sostenían por causa de las drogas. Tiene un hermano mayor que siempre vivió con los abuelos paternos y una hermana menor, que como ella, desde los once años es consumidora de drogas.

Mientras cambia constantemente de posición en la butaca , Eva continúa hablando de su padre.

_ Creo que mi padre realmente se suicidó por la situación en que vivía. Más de cuatro años separado de toda la familia, enganchado a la heroína, al punto que para sostenerse el vicio y alimentarse, vendía drogas y robaba en cualquier parte._

Mueve ligeramente la cabeza hacia atrás para quitarse el largo mechón negro de su cabello que caprichosamente cae sobre sus grandes ojos color miel, mientras continúa.

_No he podido superar aún la muerte de mi padre. De mi madre no puedo decir nada…
Nunca se acercó a mí. La heroína ocupaba toda su atención. Finalmente, entre la intoxicación del aceite de la colza y la droga, acabaron con su vida hace un año_.

He visto a Eva en el centro de un coro gitano danzando al estilo andaluz.

_Me gustaría ser artista _ Enfatiza _ Siempre he querido ser bailaora de los cantes de Camarón. Hay algo en su música que me estremece de pies a cabeza y no puedo evitar la tentación de bailar._

Eva nació y se crió en el barrio capitalino de Vallecas. A los trece años se escapó de su casa con "El Santi", un gitano de veintiocho años, enganchado también a las drogas.

_ Cuando dejé los estudios y me fugué con “El Santi” , mis abuelos lo denunciaron a la policía porque yo era menor de edad. Me mantuvieron castigada en casa más de diez meses. Cuando salí de ese encierro me enteré que “El Santi” había muerto de una sobredosis en el mismo lugar en que me hizo el amor por primera vez_.

No puede evitar que las lágrimas recorran su rostro y estropee el leve maquillaje que lleva .Bebe un café que la reconforta y continúa.

_Comienzo a buscar nuevas amistades y así conocí a varios chicos que, como yo, se drogaban. En un principio gastábamos dos o tres mil pesetas en comprar pastillas y porros, pero con el tiempo esto fue a mayores al punto que teníamos que salir a robar y atracar de muchas formas para comprar las drogas.

Luego de un corto silencio, Eva me mira fijamente y con gesto algo desafiante dice:
_ Fíjese…me gustaría casarme con un buen hombre, tener cuatro hijos y ser millonaria. Eso sí, que mis hijos no prueben las drogas, porque no se lo voy a permitir._

De nuevo se acomoda en su asiento y algo más tranquila continúa.

_ En este momento cumplo prisión preventiva acusada de participar en dos atracos , pero dicen que tengo más acusaciones por hechos similares. Ahora espero la acción de la justicia, porque la vida ya me ha condenado._

Así es Eva, esta joven madrileña de veinte años que dice haber vivido una eternidad, que siente orgullo de llevar sangre gitana y considera que no es la juventud lo que embriaga la razón, sino el amor.

Agradezco a Eva y a la Dirección de la prisión de Carabanchel, la realización de esta entrevista.
Madrid, 23 de abril del año 1997.

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