21 oct. 2008

La subordinación de la mujer ante el hombre es un cáncer de la sociedad

En el transcurso del desarrollo de la sociedad se ha ido reconociendo los derechos de la mujer, pero también ese reconocimiento ha agudizado los conflictos entre las parejas de hombres y mujeres.

Siempre he tenido muy claro los conceptos y la labor de los movimientos feministas…aunque no dejo de reconocer, que en ocasiones estos discursos adquieren matices susceptibles a la confusión que provocan comparaciones inequívocas entre el hombre y la mujer.

Tengo el privilegio de pertenecer a la generación laboral de los años 60 y 70 del siglo pasado en Cuba donde hombres y mujeres compartíamos actividades sociales a la par sin prejuicios ni cuestionamientos de sexo.

No es mi intensión ni estoy cualificada para filosofar sobre estos temas, pero como partidaria de estos tiempos considero que si bien es cierto que en el transcurso del desarrollo de la sociedad se ha ido reconociendo los derechos de la mujer, no se puede negar que ese mismo reconocimiento ha agudizado los conflictos entre las parejas de hombres y mujeres, lo que ha provocado un nuevo fenómeno calificado por muchos como “violencia de género”.

La subordinación de la mujer ante el hombre es un cáncer de la sociedad. Es una enfermedad que está ahí…que si se descubre a tiempo puede curarse, pero si no puede ser mortal. Hay todo un esfuerzo de políticos, especialistas y medios enfrascados en eliminar el mal…pero ese mal persiste independientemente a nuestra voluntad.

Es importante recordar que en el desarrollo de la naturaleza lo único que tiene tiempo limitado de existencia es el nacimiento y la muerte de los seres vivos, pero los procesos de desarrollo social son infinitos por lo menos hasta donde llega el conocimiento.

Por ello, todo el esfuerzo que se realice a los distintos niveles de la sociedad para curar este cáncer social es poco. Hay que educar desde los cimientos, que es la familia.

Es imprescindible continuar luchando en tribunas y tribunales para que los derechos de las mujeres a participar en igualdad de condiciones que los hombres en la sociedad se reconozcan en todos los países del mundo y no en unos pocos.

Pero es importante también que se respete la masculinidad de los hombres y la feminidad de las mujeres, que en nada tiene que ver con la lucha feminista por sus derechos.

Las féminas no renunciaremos jamás a la caballerosidad de los hombres. Ese gesto varonil que nos ayuda en las cargas pesadas, nos abra la puerta del coche, nos ayude a bajar del autobús y sobre todo que nos ofrezca una flor y bese nuestra mano con gentileza.

Estoy segura que los caballeros tampoco están dispuestos a renunciar a la dulce mirada de una mujer, verlas vestir con elegancia, maquillada con buen gusto y el andar cadencioso con tacones altos.

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