7 mar. 2008

Soy una artista

8 de marzo, día Internacional de la Mujer

Mi particular
homenaje a todas las mujeres que como yo se convierten en verdaderas artistas para salir adelante con su familia, sus estudios y el trabajo.

Cuando medito seriamente en las cosas que hacía de niña y en el desarrollo de mi vida posterior llego a la conclusión que quería ser, he sido y soy una artista, y no precisamente frustrada.

Desde comienzo del uso de mi razón, vigilaba todos los momentos en que el excusado de mi casa estuviera libre para refugiarme allí y establecer una especie de monólogo con el primer nombre que se me ocurría. Mi particular conversación dramática sólo se interrumpía cuando alguien necesitaba el retrete. Como ya conocían mi hacer, a la par que daban puñetazos en la puerta de madera gritaban …_¡Josefa… sé que estas ahí… sal de una vez!

Tuve la suerte que en los principios de los años 60 se creara en mi pueblo un movimiento de jóvenes aficionados al arte dramático y allí pude dar rienda sueltas a mis inquietudes sin necesidad de que me tocaran la puerta. De la mano de Josefina Expósito, un grupo de niños y adolescentes representábamos personajes que en forma de skeches llevábamos con ilusión a improvisados escenarios en cañaverales para distracción de los macheteros que trabajaban allí de forma permanente.

En el año 1963, la dirección del sindicato de los obreros del central me otorga una beca para el segundo curso de Instructores de Arte que se impartía en La Habana. Con ilusión desbordante, confeccionó mi madre el maletín de lona que me acompañaría a la capital del país.

La noche antes de coger el “viajero” se presentó un funcionario de cultura para explicarme los detalles organizativos del viaje y a su vez entregarme el pasaje de ida a La Habana.

Al finalizar la reunión, comente que no podría despedirme de mis profesores por lo temprano de la partida. Al escuchar esto, el funcionario se volvió y preguntó, _ ¿Pero ella estudia…? _ Sí, esta en el segundo curso de la secundaria básica _ afirmó Josefina_ Inmediatamente el hombre reclamó los pasajes, los documentos que me había entregado y dijo que lo sentía… pero por Resolución ministerial los estudiantes del sistema regular de enseñanza no podían optar por el curso .Y allí me quede paralizada e incrédula.

Pero yo quería ser artista y resuelta a conseguirlo al día siguiente y bien temprano, maletín en ristre, subí al viajero y me fui a La Habana. Allí recorrí todas las casas de lujo del barrio de Cubanacán convertidas entonces en escuelas de Arte. Pero no tuve suerte, no fui admitida.

Debo decir, que las primeras escuelas de instructores de arte en Cuba surgieron en el año 1961 y su misión consistía en preparar a jóvenes que posteriormente llevarían la cultura en todas sus manifestaciones a pueblos y zonas rurales del país. Este proyecto, en mi opinión, quedará en la historia como uno de los logros más nobles del proceso revolucionario en el país.

El no poder ingresar en la escuela no me defraudó y seguí con la ilusión de ser artista. Por ese camino ingresé en un grupo de aficionados en Wajay, un pueblo en las afueras de La Habana donde vivía mi abuela Fela. Por aquel entonces el grupo lo dirigía María del Carmen Prieto, quien posteriormente llegó a convertirse en una de las principales voces de la música campesina en Cuba.

Con María del Carmen visitamos casi todas las unidades militares de La Habana llevando nuestras obras de teatro para entretenimiento de los militares y fundamentalmente para los jóvenes adolescentes que por aquel entonces cumplían el servicio militar obligatorio recién instaurado en el país.

En 1967 ingreso en la escuela militar de la Policía. Allí formé un grupo de teatro que dirigí hasta el año 1984, cuando paso a la vida civil. En este período y como parte del movimiento de aficionados del Ministerio del Interior, participé en obras que fueron exhibidas en los principales teatros de la capital.

Pero no sólo fui artista en el escenario. En el año 1968 cuando termino la escuela de la policía retomo los estudios secundarios y a partir de ese momento me convierto en una verdadera artista para combinar estudio, trabajo y el quehacer diario de mi hogar hasta alcanzar la licenciatura de periodismo en la Universidad de La Habana en 1984.

También fui una artista para salir adelante en un ambiente de trabajo mayoritariamente de hombres .De policía de línea o de calle de una unidad municipal llegué a ser especialista nacional para la prevención del delito. Fui soldado, sargento de tercera, de segunda, de primera y oficial hasta el grado de primer teniente.

Tuve que ser artista para integrarme al mundo del periodismo de radio, donde llegué con lo puesto en el año 1984. Allí ocupé un cargo de dirección en la dirección informativa. Pero donde tuve que demostrar valía, fue a la hora de convertirme en reportera de los informativos diarios, a mi paso por Angola y Etiopía como corresponsal de guerra y directora de un programa de radio en español, en Luanda. Esa, en mi opinión fue una de mis mejores actuaciones.

El telón se cerró en diciembre del año 1994 cuando abandono mi país y emigro a España. Es cuando empieza la obra de inmigrante en un país totalmente desconocido para mí, y donde no conocía a nadie.

Mis dotes de artista resurgieron y comenzó mi obra maestra… la de salir adelante y que mi única hija continuara sus estudios de licenciatura en derecho. Para alcanzarlo atendí ancianos en su domicilio, vendí especias a restaurantes y cafeterías en Sevilla, hice cursos de peluquería, esteticista, maquinaria industrial y cocina, y finalmente conseguí trabajo fijo en una pensión en el centro de Madrid como camarera de piso, donde por suerte me mantengo hasta ahora. En honor a la verdad he sido artista en otras cosas… pero opto por no comentarlas.

Esto de querer ser artista lo mantengo. Ahora, después de varios años retomo las palabras y tengo que ser una verdadera artista para dibujar los textos que sean capaces de trasmitir los mensajes que deseo.

Josefa Buzzi. Madrid, 7 de marzo 2008

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