27 feb. 2008

De la homosexualidad... hablemos

Hay países que aún hoy castigan la homosexualidad hasta con pena de muerte, y otros en cambio, como España, autoriza los matrimonios homosexuales por Ley.

Menos mal que a lo largo de la existencia humana, la sociedad ha ido a más hacia una organización exacta, como la vida misma. Esa organización está perfectamente estructurada desde la familia hasta el mismísimo planeta tierra. Gracias a esta organización de los humanos, podemos trabajar, estudiar, recrearnos, disentir y más, en esta “cosa” tan apasionante que hemos bautizado como sociedad.

Afortunadamente en la sociedad de hoy convivimos unos y otros en mayor libertad y pluralidad. Los tiempos modernos están abiertos al encuentro, al saber escuchar y comprender las razones de sus semejantes.

Algo significativo de esta organización, es que la raza humana a través de su evolución y desarrollo haya sido capaz de decidir que unos pocos, que no sobrepasan a veces ni los dedos de una mano, dirijan los designios de millones y millones de nosotros.

Y menos mal que es así. ¿Se imaginan cómo sería el mundo si fuera dirigido por cada unos de nosotros? Cada ser humano es diferente uno de otro y no sólo en el físico, sino también de pensamiento. Pero si ya este concepto se amplía a las culturas y desarrollo de cada país… más aún.

Por eso, como somos muchos y dispares los que designamos de una u otra forma para organizar y dirigir la sociedad son los que tienen la responsabilidad del estudio y aplicación de todo aquello posible para que podamos desarrollarnos y simplemente vivir en sociedad.

Cada región o país del planeta Tierra ha ido evolucionando a través de su existencia. Unos más y otros menos, dependiendo de factores geográficos, climas, extensión, riquezas naturales y por ahí, infinidad de factores que no es necesario mencionar.

Pero todo este preámbulo, lo he hecho para llegar al tema que me interesa, la homosexualidad de los hombres, que desde siempre ha existido en pueblos y culturas y que, como la vida misma, ha ido evolucionando a través de los años según la región, cultura y desarrollo. Hay países que aún hoy castigan la homosexualidad hasta con la pena de muerte, y otros en cambio, como España autoriza los matrimonios homosexuales por ley. ¡Viva el desarrollo!

Diversas investigaciones en todo el mundo se refieren a la homosexualidad, pero desde luego, pocas, como la que menciona el teólogo moralista español Benjamín Forcano en su artículo " La Ley de los matrimonios homosexuales" donde apunta:"John Boswell , apoyado en fuentes documentales extraordinarias, presenta una tesis estremecedora: “La iglesia primitiva (siglos VI al XIII) no sólo era tolerante con las relaciones románticas y eróticas entre varones, sino que las santificaba ceremonialmente”. Esto demuestra que la práctica de la homosexualidad en la Europa pre moderna era un hecho increíblemente reconocido.

Yo, como parte de este mundo, a través de mi vida he conocido a varios homosexuales y en cada etapa… según el conocimiento, he ido cambiando de parecer aunque quedan rescoldos inexplicables para la razón.

Juana fue la primera. Era la jefa del pelotón de los wayaskao… y muchas niñas no engrosaron esas filas porque sus padres pensaban que se podían contagiar con aquello que caracterizaba a Juana; su cabello recogido en trenzas permanentes, el andar en pantalones y sus facciones varoniles. Con diez años que tenía entonces, me fijaba más en los lemas que cantábamos durante la marcha que en Juana… “Un dos tres cuatro, comiendo mierda y rompiendo zapatos…”

En la escuela primaria, dos chicas de mi clase eran inseparables. Se sentaban juntas, merendaban juntas, paseaban juntas, iban al baño juntas… y cuando fui mayor supe que ninguna de las dos se había casado y que vivían juntas.Juan también era homosexual. Pero a ese sí que se le notaba hasta en los poros. Era linotipista de una vieja imprenta a la que les encargaba carteles de propaganda en los años 70. Con él cultive cierta amistad y aunque su amaneramiento era evidente, jamás hablamos del tema.

Con Antonio y Miguel ya fue distinto. Ambos eran diseñadores de una importante Empresa de publicidad en Cuba. El trabajo diario de muchos años con ellos mientras fui divulgadora de la Policía, forjó una amistad que aún hoy perdura. Antonio, el más reservado, nunca dijo nada de sus relaciones íntimas con Miguel por temor a que su esposa e hijos pudieran enterarse. Sin embargo Miguel era todo lo contrario. Hasta su ex esposa y un hijo adolescente que tenía, conocían de su condición sexual e incluso le apoyaban. Yo también.

Lo de Bernardo fue demoledor. Tuvo tan mala suerte que le descubrieron con su amante a través de unas cámaras ocultas puestas para otros menesteres. Era oficial y ocupaba un importante cargo de dirección. Estaba casado y tenía dos niños entre 10 y 12 años. El escándalo fue tan grande que su esposa le abandonó y la Policía le expulsó deshonrosamente del cuerpo. Fue buen compañero de trabajo… pero después de aquello jamás supe de él.

En los cuerpos armados de Cuba, no sé ahora, pero en mis tiempoa, era pecado mortal e inmoral ser homosexual. Recuerdo al capitán González, uno de los mejores jefes inmediatos que tuve. Tenía una trayectoria personal impecable. Combatió en la Sierra Maestra con Fidel aún siendo un niño; luchó en el Escambray contra los que se alzaban en contra del gobierno y se hizo acreedor de innumerables medallas y distinciones por servicios distinguidos prestados al Ministerio del Interior. Pero se enamoró de un joven recluta, este le denunció y le expulsaron sin que pudiera llevarse ni una sola medalla. Por vergüenza, unos días después se suicidó, dejando una nota de disculpas.

He conocido otros homosexuales en el trabajo, en el barrio, pero no han trascendido porque no fueron descubiertos con la mano en la “masa”. Los dejé allí, en el día a día, ocultando lo más posible su verdadera forma de ser.

Ha pasado el tiempo, me he hecho mayor y vivo en España. Sin embargo, mediante sensaciones inexplicables para mí, se impone la ternura al observar una pareja de jóvenes, hombre y mujer, besarse en el metro o el parque, ante el desagrado de observar lo mismo en parejas del mismo sexo. No lo puedo evitar.

Pero por suerte yo no dirijo la sociedad. Ahí están los filósofos, sociólogos y especialistas sociales que proponen lo mejor y lo que requiere la sociedad en cada momento histórico. Y ahí también están los que se designan para dictar leyes y reconocer derechos allí donde se desempeñan. ¡Viva el desarrollo!

Comentario de Josefa Buzzi. Madrid, 27 de febrero 2008

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